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Informe
del Taller de América del Norte sobre Indicadores
de Riesgo y Salud Ambiental de la Infancia
Realizado
en Oaxaca, México
del 19 al 21 de febrero de 2003
Antecedentes
El
impacto de los riesgos ambientales sobre la salud
infantil está recibiendo en América
del Norte una creciente atención, tanto de
políticos y científicos como del público
en general. Al reconocer la necesidad de contar con
una mayor cooperación y coordinación
en América del Norte para proteger a la infancia
de los riesgos ambientales, la CCA lanzó en
junio de 1999 una iniciativa especial para explorar
las oportunidades de colaboración en este campo.
Los tres países, Canadá, México
y Estados Unidos, se comprometieron a “trabajar
estrechamente para desarrollar un programa de cooperación
a fin de proteger a la infancia de los riesgos ambientales,
estableciendo como objetivo general reducir las presiones
sobre la salud infantil derivadas de las actividades
humanas”.
El
compromiso de la CCA con las cuestiones de la salud
ambiental se fundamentó inicialmente en un
simposio trilateral llevado a cabo en Toronto en mayo
del 2000, donde los expertos exploraron los temas
de políticas y salud. Los indicadores de riesgos
fueron identificados como una herramienta sumamente
útil y poderosa, aunque se reconoció
que ameritaban más discusión y depuración,
particularmente si se trataba de examinar las vulnerabilidades
y patrones de exposición específicos
de los infantes. Mediante este evento y otros foros
públicos también se puso énfasis
sobre la importancia de examinar la salud infantil
en las actividades relacionadas con el manejo de riesgos.
La
iniciativa de la CCA sobre la salud infantil y el
medio ambiente fue confirmada en junio del 2000 con
la Resolución de Consejo 00-10. De conformidad
con esta Resolución, se ha preparado un Programa
de Cooperación sobre Salud Infantil y Medio
Ambiente en América del Norte, como marco de
referencia para la acción trilateral.
En
noviembre de 2001 se llevó a cabo un taller
trilateral para tratar y desarrollar los elementos
del borrador del Programa de Cooperación. Se
contó con la asistencia de funcionarios de
los ministerios de salud y medio ambiente de los tres
países, representantes del Grupo de Trabajo
Técnico sobre Plaguicidas del TLCAN, y del
Consejo Consultivo de Expertos sobre Salud Infantil
y Medio Ambiente, de la CCA. Las discusiones sostenidas
confirmaron el interés que existe en los tres
países para intercambiar información
y enfoques para incorporar la salud ambiental de la
infancia a los indicadores de riesgo. Los participantes
recomendaron que la CCA convocara a un taller de América
del Norte orientado a los indicadores de riesgo y
la salud infantil.
Luego
del taller trilateral de noviembre de 2001, el borrador
del Programa de Cooperación fue luego revisado
durante una reunión del Consejo Consultivo
de Expertos y el Comité Consultivo Público
Conjunto (CCPC), celebrada en marzo de 2002 en la
Ciudad de México, donde también participaron
grupos públicos y de interesados. En respuesta
a las acciones propuestas en el borrador del Programa
de Cooperación, durante la reunión en
la Ciudad de México se escucharon comentarios
y preocupaciones del público sobre los indicadores
de riesgo. Esta retroalimentación incluyó
el apoyo para el taller recomendado en el Programa
de Cooperación para permitir una amplia discusión
pública de las cuestiones científicas,
económicas, culturales y éticas, incluyendo
la necesidad de transparencia y el papel de la precaución.
En
junio de 2002, el Programa de Cooperación sobre
Salud Infantil y Medio Ambiente en América
del Norte fue adoptado por el Consejo de la CCA mediante
su Resolución 02-06. Como parte de este Programa
de Cooperación (inciso 4.3), las tres partes
identificaron formalmente la necesidad de un taller
sobre indicadores de riesgo y salud ambiental de la
infancia. Es imprescindible un acuerdo entre los tres
países sobre terminologías y enfoques
de los indicadores de riesgo, entre sus respectivas
secretarías de Salud y Medio Ambiente, entre
los que lidian con productos químicos tóxicos
(incluyendo plaguicidas), y entre los grupos públicos
y de interesados, como requisito para una colaboración
efectiva y para el intercambio de información
y resultados, y con ello asegurar que se están
tomando en consideración las vulnerabilidades
de los niños al evaluar riesgos. Un mayor intercambio
de información entre los sectores de Salud
y Medio Ambiente también puede fomentar mejoras
mutuamente benéficas en los enfoques de los
indicadores de riesgo, particularmente en lo que se
refiere a los métodos para incorporar las preocupaciones
y vulnerabilidades de la infancia en los indicadores
de riesgo. La función de la transparencia y
la precaución son importantes componentes del
panorama general. Un acuerdo mutuo sobre los indicadores
de riesgo y su aplicación a la toma de decisiones
también contribuirá al intercambio de
trabajos, conocimientos, información e ideas,
y al mismo tiempo dará a los gobiernos la capacidad
y flexibilidad necesarias para tomar sus propias decisiones
con base en los análisis, a la luz de las circunstancias
nacionales y locales.
El
Programa de Cooperación (inciso 4.4) también
identificó la necesidad de incrementar la disponibilidad
de personas capacitadas en los indicadores de riesgo
de salud ambiental infantil, para mejorar la capacidad
de los gobiernos en la evaluación de riesgos
potenciales para la niñez que plantean los
productos químicos, incluyendo plaguicidas.
México, en particular, ha identificado esto
como una necesidad prioritaria, y ya ha iniciado un
programa de capacitación en indicadores de
riesgo. La colaboración trilateral permitirá
incluir un enfoque de salud ambiental infantil en
este programa continuo de capacitación. Las
tres partes acordaron explorar diversas formas para
incrementar la cantidad de personas capacitadas en
los indicadores de riesgo de salud ambiental infantil.
Una sesión de trabajo durante el taller realizado
en Oaxaca desarrolló un perfil de las capacidades
necesarias para evaluar riesgos para la salud de la
infancia, identificar las posibles formas en que se
pueda capacitar a cada vez más personas, y
proponer acciones para incrementar la cantidad de
personas capacitadas, por ejemplo intercambio de personal,
programas de capacitación en universidades
y el desarrollo de cursos apropiados en universidades
y otras instituciones de enseñanza.
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