Planes y programas para la infancia en México

 

 

Durante toda una década, luego de la firma de la Convención de los Derechos del Niño, el gobierno mexicano evadió la responsabilidad de crear un Plan o Programa Nacional dirigido en especial a dar cumplimiento a ese acuerdo. En su lugar, los dos Planes Nacionales de Acción en Favor de la Infancia de ese período fueron el inventario de acciones contradictorias y desarticuladas que no lograron revertir el constante deterioro en las condiciones y calidad de vida de la niñez mexicana.

La nueva década que inicia abre para México nuevas oportunidades de crear un plan orientado a dar cumplimiento a la Convención. Por un lado en México ha ocurrido un cambio en el poder en el marco de enormes promesas hacia la niñez, por otra parte pronto se firmarán nuevos acuerdos mundiales para las políticas públicas en favor de la niñez.

Sin embargo tanto en el ámbito nacional, como en el mundial existen focos de altera que ponen en duda la posibilidad real de aplicar la Convención.


En 1990 ocurrieron dos hechos importantes en materia de infancia en México: por un lado se ratificó la Convención de los Derechos del Niño, por otro lado, México junto con otros 5 países más promovieron la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia una reunión que derivaría en acuerdos para toda la década en materia de políticas públicas para la niñez.

Sin embargo las metas establecidas en la Cumbre de 1990 a nivel mundial no correspondieron a los principios establecidos en la Convención de 1989. Esto fue así debido a que el proceso de elaboración de las Metas corrió paralelo al de la Convención. Dicho de otra forma las Metas de la Cumbre no reflejaron de manera cabal la nueva visión de la infancia que aporta la Convención y que es enriquecedora sobre todo para la política publica.

De entre los varios resultados de esta separación de procesos podemos señalar que en las Metas de la Cumbre prevalecieron aquellos compromisos dirigidos a garantizar la supervivencia de la niñez y en menor medida un desarrollo integral, como propone la Convención. En otras palabras en las metas de la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia prevaleció una visión asistencialista que reflejaba el tipo de políticas prevalecientes, pero no un compromiso por hacer valer la CDN a través de nuevas políticas públicas.

Así, Gobiernos como el mexicano, encabezado en ese entonces por de Salinas de Gortari, establecieron compromisos dentro de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia, que no eran otra cosa sino la suma de acciones que ya se realizaban o que estaban enmarcadas dentro del Plan Nacional de Desarrollo, es decir, acciones que no significaban una modificación substancial en materia de política pública y gasto social.

El gobierno de Ernesto Zedillo continuó con esta línea: dar cuenta en el Plan Nacional de Acción a favor de la Infancia 1995-2000 principalmente de los compromisos de la Cumbre, pero no de construir uno a partir de los compromisos establecidos dentro de la CDN, lo que hubiera generado otro tipo de políticas públicas.

Al final de la década dicho gobierno se limitó a presentar cuentas alegres sobre la situación de la infancia en el país, sin reflejar el enorme deterioro en la calidad de vida de esta población y la aparición de nuevas y sofisticadas amenazas para su vida y desarrollo.

El gobierno de Vicente Fox arribó al poder en diciembre de 2000, en medio de importantes promesas de campaña hacia los niños, con los cuales ha aparecido en diversos actos públicos de manera constante en lo que va de su mandato, lo que sin duda lo compromete frente a esta población.

Amplios sectores de la sociedad esperarían profundas reformas y acciones claras y decididas para promover mejores condiciones de vida para la niñez mexicana.

Sin embargo las primeras acciones emprendidas por el gobierno foxista muestran algunos focos de preocupación a los que deberá atenderse para superar las contradicciones de administraciones pasadas.

Así por ejemplo, el Plan Nacional de Desarrollo (instrumento que ha sido de alguna manera el eje estructurante de las políticas públicas a nivel federal) elaborado por la presente administración para el período 2001-2006 se ocupa de la niñez en algunos apartados principales que no ofrecen una visión suficiente sobre lo que se pretende hacer para detener el impacto de las políticas económicas y sociales en la niñez y garantizar su pleno desarrollo.

El PND, en el área de desarrollo social y humano, aborda algunas de estos problemas en el objetivo rector 2 (consultar el extracto aquí), referido a acrecentar la equidad y la igualdad de oportunidades. Así, el inciso d, compromete a Dar protección y promover el desarrollo pleno de niños y adolescentes, para lo cual menciona las siguientes medidas:

Crear las condiciones que permitan a los niños desarrollarse en un ambiente emocional y físicamente seguro, garantizándoles bienestar, educación, salud y equidad.

Para tal efecto se elaborará la agenda que servirá de guía para un movimiento nacional a favor de la niñez y se promoverá un consejo para el desarrollo de infantes y adolescentes.

Sin embargo, este planteamiento presenta serias deficiencias respecto de los derechos del niño:

Dado que omite la mención de los derechos del niño y de la Convención, tampoco refleja un claro compromiso para darle cumplimiento a la misma.

Como resultado de lo anterior, se omite la creación de un Plan Nacional para dar cumplimiento a la Ley para la Protección de los Derechos de niñas, niños y adolescentes (la cual no se menciona), a la Convención de los Derechos del Niño o a otros tratados nacionales e internacionales.

La ausencia de estas nociones preocupa debido a que podría indicar que, nuevamente, las políticas públicas están inspiradas desde una concepción asistencialista que niega el goce pleno de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales garantizados en la Convención.

Un Plan Nacional de Acción debería contar con objetivos y metas claras y medibles, así como con indicadores específicos que muestren el impacto a lograr. La omisión de un Plan debilita las posibilidades y alcances de la política pública dirigida a la niñez, al perderse en una amalgama de acciones descoordinados y sin un sustento teórico sólido.

Esta situación se agrava en la medida en que las acciones que hasta el momento se han emprendido en aspectos específicos, por parte del gobierno federal, presentan serias contradicciones. Ejemplo de ello es el programa de la calle a la vida, publicitado hasta el hartazgo por el gobierno foxista, pero que no cuenta con fondos públicos para operar. Situación similar ocurre con el programa de atención y seguimiento contra la explotación sexual comercial infantil.

Hasta el momento la infancia a aparecido como parte de la escenografía que acompaña a los responsables de las políticas pública en México, sin que se perciba la creación de estructura sólidas para garantizar sus derechos.

El riesgo de débiles políticas públicas dirigidas a la infancia aumenta en el contexto actual en el que diversos gobiernos del mundo son renuentes a adoptar compromisos dirigidos claramente a la protección de los derechos del niño, dentro de lo que será la Sesión Especial sobre Infancia que se realizará posiblemente en el año 2002 para renovar los acuerdos en esta materia a nivel mundial para otra década.

Es por lo anterior recordar que la Convención ofrece elementos innovadores para organizar las políticas públicas desde una estrategia integral:

Se preocupa tanto de las acciones para garantizar la supervivencia de niñas y niños como por aquellas que estimulen su máximo desarrollo posible. Incluso puede interpretarse, desde la perspectiva de la Convención, que las acciones de supervivencia no pueden ser avaladas si no consideran la forma de promover el desarrollo integral de la niñez.

Contempla ámbitos básicos a los que debe de atender la política pública para garantizar los derechos de la infancia:

La provisión: que implica considerar aquellos programas para garantizar el acceso de todos los niños y todas la niñas a los derechos como la educación, la salud, las condiciones de vida digna.

La prevención: que significa establecer programas que permitan la detección oportuna de las situaciones que ponen en riesgo el pleno disfrute de los derechos a niñas y niños y el diseño de acciones para evitarlas.

La protección especial: que significa considerar a niños y niñas que por diversas circunstancias se encuentran privados o limitados para el disfrute pleno de sus derechos. En este sentido aunque la Convención menciona a una variedad considerables de niñas y niños en situación de especial vulnerabilidad, no limita la posibilidad de diseñar acciones dirigidas a otro tipo de población infantil que se encuentre en desventaja.

La participación: que significa que niñas y niños no deben ser solo receptores de las acciones que se desarrollan a su favor, sino que aún deben de poder opinar aún en aquellos espacios que parecían reservados sólo ara los especialista, como parte esencial de una auditoria social de las acciones públicas desde la mirada de la infancia.

Ayuda a considerar políticas en materia de derechos culturales, políticos, económicos y sociales.

Ofrece medidas que van desde el cuidado del embarazo, hasta la educación profesional, pero también cuando se encuentra fuera de sus espacios de referencia: su familia, su patria, su grupo étnico.

Pondera el valor y apropiación del concepto de derechos por parte de niñas, niños y sociedad en general como condición ligada estrechamente a su verdadero cumplimiento.

Ofrece principios normativos fundamentales para resolver los vacíos y las contradicciones en materia de justicia juvenil, tema que es materia de preocupación constante de gobiernos y sociedades.

Promueve la creación de sistemas de información y monitoreo eficientes que den cuenta del estado que guarda la aplicación de la CDN en las diversas regiones del país.

Derechos Infancia México es un proyecto de la Red por los Derechos de la Infancia en México.| Contacto | Organizaciones . México, 2003.